EL INICIADO CHRISTIAN JACQ PDF

El primer aspecto de la iniciacin no era en absoluto atractivo: un rbol pelado, con las ramas desnudas. La tristeza de un mundo privado de todo. Y mucho me temo que sea mi propia muerte, como si hubiera fracasado delante de los obstculos. El rbol Seco no aparece ms que a aquel que lucha contra sus obstculos. Es en el momento en que creemos que el peso que hay que levantar es demasiado grande cuando se entreabre la primera puerta.

Author:Kajitaxe Meztikus
Country:Norway
Language:English (Spanish)
Genre:Relationship
Published (Last):20 August 2005
Pages:154
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ISBN:228-5-73823-257-4
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Ediciones Martnez Roca. Enric Granados. Encuadernacin: Eurobinder. Nosotros, seres cambiantes, en devenir, somos un conjunto de potencialidades, para nosotros no existe perfeccin ni ser absoluto. Pero cuando pasamos de la potencia al acto, de la potencialidad a la realizacin, participamos del ser verdadero, nos acercamos un paso ms a lo divino y a la perfeccin. Realizarse es eso. Un compaero de otro tiempo, persona simple, encontraba enseguida en s mismo y en la naturaleza esa verdad que vosotros andis buscando en las bibliotecas.

Y esta verdad no era otra que Reims, que Soissons, que Chartres, eran las piedras sublimes de todas nuestras grandes ciudades Yo sueo a menudo que veo, que sigo, de ciudad en ciudad, a esos peregrinos de la obra, posedos de la enfermedad ardiente de la creacin. Me detengo con ellos en casa de la Madre, que reuni a los Compaeros de la Torre de Francia Me gustara sentarme a la mesa de esos canteros. No le faltaba razn a Rodin: juntamente con la erudicin y el indispensable conocimiento de los textos de la Edad Media, resulta apasionante escrutar el universo de los constructores que creaban piedras parlantes, piedras que nos siguen hablando si sabemos mirarlas con amor y veneracin.

Hoy est poco menos que prohibido hablar de mensaje; y, sin embargo, la intencin de nuestros antepasados era verdaderamente, por medio de los edificios y de las figuras de piedra, transmitirnos un mensaje relativo a lo divino, a lo sagrado, a la finalidad del hombre, a una espiritualidad alegre y profunda. Me parece que conceban dicha espiritualidad como un camino, compuesto de etapas, y que dejaban a cada uno libre de recorrerlo a su modo y ritmo.

No era otra la razn de que, al lado de las representaciones religiosas que enseaban la fe cristiana, hubiera programas esculpidos como el de la catedral de Metz, que es el objeto de este libro, programas que ofrecan una visin del mundo propia de los constructores. Este texto acerca de Los treinta y tres grados de la sabidura vio la luz en y permiti entrever que las figuras esculpidas cuentan una historia perfectamente viva; como escribiera el Maestro Eckhart, por ms que la obra y el tiempo hayan pasado, el espritu que anim la construccin de las obras sigue vivo.

Desde esas fechas, han sido muchas las obras publicadas sobre la Edad Media, que no aparece ya hoy da como un perodo oscuro o una poca de transicin. Todo el mundo ha tomado conciencia de que la epopeya de las catedrales fue un momento de gran intensidad espiritual y que su luz, de la que tan bien hablaba Suger, nos emociona.

En tanto que egiptlogo, me he interesado por los lazos que unen el simbolismo egipcio, a travs de sus diversas mutaciones, con la iconografa medieval;1 se trata de un vasto campo de investigacin, del que se encontrarn algunos ejemplos en la presente obra, donde se hablar ampliamente del simbolismo animal. Los imagineros de la Edad Media fueron receptivos a las antiguas tradiciones, en la medida en que stas eran portadoras de sentidos y conferan a su arte un poder de irradiacin que sigue intacto.

Cuando se lee la obra de Guillaume Durand, obispo de Men-de que vivi en el siglo XIII, vemos que, para el constructor medieval,2 hasta la menor parcela del edificio sagrado posee un significado simblico.

Todas las cosas pertenecientes a los oficios, a los usos y costumbres o a los ornamentos de la Iglesia -escribe Durand-, estn llenas de figuras divinas y de misterio, y cada una de ellas, en particular, rebosa de una dulzura celestial, siempre y cuando encuentren a un hombre que las examine atenta y amorosamente, que sepa extraer miel de la piedra y aceite de la ms dura roca.

Cristo deseaba que los seres humanos tuvieran ojos para ver y odos para or; frente a los capiteles -esas palabras de piedra- es necesario, efectivamente, hacer uso de la vista y del odo, preguntndose acerca de su significado, a sabiendas de que no cabe esperar llegar a ninguna verdad definitiva y absoluta, so pena de volver estrecho el corazn, segn la expresin egipcia. Antes de acceder al camino que conduce de un rbol seco a un rbol florido, hay que superar siete obstculos que el escultor ha ilustrado con una fuerza particular: la infidelidad, la voluntad de destruccin, la avaricia, la idolatra, el egocentrismo, la cobarda y la vanidad.

Un vasto programa, como puede verse! Y quien podra afirmar, un da, que ha superado de verdad estos siete defectos? En efecto, nuestra nica capacidad consiste sin duda en tomar conciencia de ellos, en llamarlos por su nombre y en combatirlos, volvindonos hacia ese rbol florido que, en lontananza, despliega sus esplendores en la Jerusaln celestial.

Esta breve obra es un simple testimonio, un intento de transcribir mediante la escritura -y por tanto de forma parcial e imperfecta- un encuentro con la espiritualidad medieval. Pero por qu, os preguntaris, siente este pensamiento la necesidad de expresarse por medio de smbolos? A esta pregunta ha dado una respuesta digna de tenerse en cuenta Mane Madeleine Davy: La diferencia entre los hombres se reduce a lo siguiente: la presencia o ausencia de la experiencia espiritual. Por ms luminosa que sta sea, dicha experiencia no se adquiere de una vez para siempre, sino que est abocada a ahondamientos sucesivos, y sta es la razn de por qu el hombre en quien ella se realiza est atento a los signos de presencia, a los smbolos que a modo de unas letras le ensean un lenguaje, el lenguaje del amor y del conocimiento.

El hombre espiritual es instruido por los smbolos y, cuando quiere dar cuenta de su experiencia inefable, recurre necesariamente tambin a los smbolos. Guillaume Durand de Mende, Manuel pour comprendre la signification symbolique des cathedrales et des glises, ditions de la Maison de Vie, Introduccin Este libro es un testimonio acerca de una iniciacin vivida hoy en Occidente y del camino que conduce a una sabidura, a una plenitud, a una armona que todos buscamos en nosotros y en nuestro entorno.

Yo tuve la suerte de encontrar, durante una bonita y fra jornada de invierno, a un Maestro de Obras del siglo xx, uno de esos hombres que siguen transmitiendo un ritual y unos valores iniciticos. Cuando este hombre de mediana estatura, ancho de hombros y pelo plateado, se acerc a m, comprend que mi vida iba a sufrir una transformacin. Llevaba ms de una hora contemplando una serie de esculturas esculpidas en uno de los portales de la catedral de Metz, convencido de que la larga bsqueda que me haba llevado hasta all no haba sido en vano.

Esas imgenes representadas en la piedra eran una narracin extraordinaria, ofrecida a la vista de todo el mundo. Pero a nadie se le haba ocurrido la idea de leerla, lo cual no dejaba de llenarme de perplejidad. En un principio, el hombre no dijo nada. Se situ a unos pocos metros de m. Se sopl en los dedos, como para quitarse el tro. Luego saco un aparato fotogrfico de una gran bolsa. Tambin l haba ido a contemplar aquellas esculturas misteriosas.

No me atrev a dirigirle la palabra. Algunas personas, intrigadas por dos turistas que examinaban de tan cerca un portal por delante del cual ellos haban pasado sin verlo cientos de veces, no se detuvieron a causa del tiempo que haca.

Cuando hubo terminado de hacer sus fotos, guard de nuevo con sumo cuidado la cmara, con la lentitud de alguien que tiene todo el tiempo del mundo para s. Se volvi hacia m, sonriente. Y si nos furamos a tomar algo? Tras haber tomado una bebida estimulante, regresamos delante del portal.

Y estuvimos charlando durante horas. Tomando como pretexto las esculturas esculpidas por sus Hermanos de antao, acept responder a mis preguntas acerca de las cofradas iniciticas que, al igual que en Egipto, que en los tiempos de las catedrales o que pasado maana, continuarn construyendo el templo.

Pues la iniciacin es tan indispensable para el hombre como el aire que respira y la comida. Cuando los ltimos rayos del sol indicaron el final del da, yo no senta ya fro, por ms que la temperatura hubiera cado varios grados ms. Lo que l me haba revelado haba iluminado para siempre con meridiana luz mi vida y mi pensamiento.

Creo que sus palabras no iban destinadas nicamente a m, sino que yo no fui ms que el instrumento del azar. Estoy convencido de que la iniciacin, transmitida hoy en da en Occidente por medio de hombres como l, puede permitir a muchos de nosotros realizarse. Carece de inters entrar a discutir aqu sobre la datacin de las esculturas.

Lo importante es saber que el escultor iniciado que las hiciera logro transmitir las claves ms importantes de su iniciacin, cualesquiera que sean la poca exacta de la primera conclusin de la Obra y la de su restauracin. Es por ello por lo que he credo conveniente no guardarme para m este dilogo con el hombre cuyo nombre de iniciacin era Pierre Deloeuvre.

Digo era, porque ahora ya ha alcanzado lo que los Maestros de Obras llaman el Oriente Eterno. La revelacin de los treinta y tres grados de la Sabidura y del camino de la iniciacin me parece algo demasiado vital para que permanezca guardada bajo el celemn. Si Pierre Deloeuvre habl, fue para que la voz de una cofrada inicitica fuera oda. Era el da de San Juan de Invierno 1, delante de la puerta del templo Por Egipto y por Europa. Y hace aos que las esculturas de las catedrales me intrigan.

He ledo cientos de obras Son piedras parlantes. No hablan ms que de una sola cosa: de la iniciacin. Si se ignora esto, es imposible comprender. Todo arranca del Egipto faranico, donde las cofradas formaban verdaderos Estados dentro del Estado. Mis Hermanos de la Edad Media no perdieron ninguno de sus secretos.

Hablaron en el lenguaje que les era natural, el de la piedra. Por qu fueron a escoger este lugar a fin de reunir unos elementos que se hallan dispersos en otras catedrales?

Existen lugares importantes donde dieron expresin a sus creaciones, tales como Pars, Estrasburgo, Lyon Aqu, en este atrio, haba un dragn, el Graoully. Te sientes capaz de enfrentarte al dragn? Fue la primera vez que Pierre Deloeuvre me tute. Por mi parte, no dej en ningn momento de hablarle de usted debido al inmenso respeto que me infunda.

Por lo que a m respecta No le dieron muerte. Le vencieron, le sometieron, y comprendieron que el dragn no era un simple dragn, sino tambin el guardin de los tesoros ocultos. Un guardin del umbral de este templo en el que deseas entrar. Si tus preguntas te salen del fondo del corazn, encontrarn sin duda una respuesta. Hemos conservado sus ritos y smbolos. Para percibirlas, creemos que es preciso pasar por una iniciacin. Pero los smbolos y ritos siguen siendo letra muerta si no se viven interiormente.

Al bien conocido de San Juan de Verano corresponda, entre los constructores, una fiesta de invierno. Porque las esculturas que tenemos ante nuestros ojos son una de las revelaciones ms excepcionales que yo conozco. Tal vez no se ha hablado nunca con tanta precisin de los treinta y tres grados de la Sabidura. No es casual que el Maestro de Obras que concibi este mensaje lo pusiera delante de la mirada de todos cuantos sepan ver. Basta con saltarse una sola de sus pginas para que el resto se vuelva incomprensible.

Pero la claridad radica en tu mirada, no en la obra. Hemos podido comprobar que un viejo proverbio transmita una de las verdades iniciticas ms profundas: De la discusin surge la luz. Delante de ti tienes las etapas de un ritual inicitico, la manera de acceder a la Sabidura por medio de treinta y tres grados. Entonces, hablemos. Quiz los dos progresemos en nuestro camino. T, con tu deseo de comprender, y yo con la experiencia que he podido adquirir gracias a quienes me han guiado y que ahora tengo el deber de transmitir.

Dado que lo importante es ver, por qu no me describes lo que ves?

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